Deslenguado como siempre, Alan García anticipó en una exclusiva que le dio a RPP el pasado 2 de enero, que el verdadero outsider de las elecciones generales sería el candidato aprista. Ya entonces anticipaba lo que se venía y advertía que es él quien manda y decide en el PAP. La designación de Mercedes Araoz confirma que García ya la evaluaba, desde el año pasado, como su carta en el 2011, al más puro estilo de los presidentes del PRI mexicano, quienes escogían a su “tapado” o virtual sucesor con meses de anticipación.
El PRI, como se recordará, dominó la política mexicana durante más 70 años y Vargas Llosa tuvo el coraje de denunciar que era la “dictadura perfecta”, porque los presidentes “priistas” se sucedían unos tras otros, tapándose sus chanchullos y asfixiando a la oposición.
Ese viejo y mal ejemplo mexicano siempre fue una oculta ambición de los líderes apristas y fue ilustrativo que, en los inicios del primer alanismo, el recordado ministro Wilfredo Huayta dijera que el Perú necesitaba 50 años de gobiernos apristas.
Las caras apristas, sin embargo, con la solitaria excepción de Alan, no han hecho buen papel en las presidenciales post Haya de la Torre. Ahí está el fracaso de Armando Villanueva ante Belaúnde, en 1980, y las migajas electorales obtenidas por Mercedes Cabanillas en el 95 y Abel Salinas en el 2000.
LA INTROMISIÓN PALACIEGA
Caso especial y revelador, en cambio, es el papel que jugó Luis Alva Castro en las elecciones de 1990, quien a pesar de su opaco y deslucido liderazgo fue tercero en las elecciones generales tras Vargas Llosa y Fujimori, con un 20% a nivel nacional.
Un tercer puesto sorprendente y revelador, porque se obtuvo en medio del desastre gubernamental que dejaba García, pero que movió todos los resortes del poder para potenciar la candidatura del trujillano, mientras le bajaba la llanta descaradamente al entonces favorito y hoy premio Nobel de Literatura.
Esa experiencia del 90 con Alva Castro podría repetirse en el 2011, porque Alan tampoco ha tenido la delicadeza de retractarse luego de afirmar que “él no puede colocar al presidente que quisiera, pero si podría evitar que llegara el que no quisiera”.
La vocación por meter la cuchara en las elecciones le viene a García desde las municipales del 86, cuando de la manga sacó la promesa de construir el famosos tren eléctrico para empujar la candidatura de Jorge del Castillo, a quien incluso le dedicó un “balconazo” desde Palacio y que fue decisivo para derrotar al carismatico “Frejolito” Barrantes.
Al apostar todas sus cartas por su tres veces ministra, García espera no solo obtener una buena bancada en el Congreso como cree la mayoría de analistas, sino que apunta más alto, a retener Palacio de Gobierno a través de la dulce ex “Miss-nistra” Araoz, cuyo nombramiento desató ácidos comentarios del veterano Javier Valle Riestra, uno de los poquísimos apristas que no la aplaudió.
La historia que se viene ya más o menos se conoce. Castañeda Lossio será demolido por sus manejos poco claros en las mega obras del municipio limeño. Toledo y Humala, a quienes Alan y los apristas ven como los demonios, también la tendrán difícil mientras que una alfombra de apoyo se abrirá a los pies de Mechita.
Todo apuntará a que haya una segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Meche Araoz, donde ésta podría aglutinar a todo ese inmenso abanico que la vería como “el mal menor” frente al posible retorno de la hija del gobernante que hundió en la corrupción al país.
Sin embargo, toda esta elaborada estrategia política podría venirse abajo con la aparición de un verdadero outsider aún no visto, porque Mechita podrá tener muy bien curriculum académico y profesional, pero es una hechura de Alan, aunque con el correr de la campaña, será bien difícil que la voluminosa figura del mandatario pueda camuflarse tras la delicada y apetecible figura de la candidata.
LO DIJO EL 2 DE ENERO DEL 2010 EN RPP
“Yo creo que será el outsider que tal vez vaya a segunda vuelta. Ahí solo depende de las personas, del debate, de la cara que ponga".
"No va haber un 'balconazo' con el candidato, ni que pongan al servicio todos los ministerios. (...)”.
"Yo soy aprista y me gustaría que un aprista gane. Si mi partido dice tal, evidentemente voy a votar y le haré gestos de simpatía dentro de la neutralidad que debe guardar el Poder Ejecutivo".
"Mercedes Aráoz es una técnica de grandes calidades, a veces un poco compulsiva, pero sabe manejarse muy bien (...) En todas las encuestas hay un vacío, hay una presencia enorme sin nombre que se llama Partido Aprista Peruano".








